Maruja de Triana: arte español en sangre cubana

 

Portada de su book profesional / Ilustración cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Portada de su book profesional.

Todo el material fotográfico ha sido cedido y forma parte del único book de la carrera profesional de: Caridad Lescaílles Farina (Maruja de Triana)


Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club.

Ocurre muchas veces en la vida de los artistas, que al finalizar su etapa profesional, no se le reconoce ni su profesión ni sus dotes; si además, añadimos el ingrediente de vivir en un país empobrecido y con un retraso socio-económico, aumentamos las nulas posibilidades de un mero reconocimiento.

Os traigo, el eco de una historia llena de lucha, pasión por la música, y la injusticia por la que su vivencia y su trabajo, pasa sin pena ni gloria: es la vida profesional de una mujer cubana, que en la actualidad cuenta con 81 años de edad.He tenido el inmenso placer de conocerla y pasar algunas tardes, sentados en un banco en la terraza de su casita, en el puerto pesquero de Santa Fe, La Habana, Cuba.

Con el mayor respeto a la profesión de bailaora, hacia la música y sobre todo a su persona, deseo realizar un homenaje a esta mujer resumiendo su etapa familiar y profesional.

Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club.

Para El desván de Alejandro, es un honor y una obligación, ofrecer un reconocimiento honorífico excepcional, porque ha sido una artista que merece el respeto por su profesión y sobre todo por la calidad humana de la cual es portadora y máxime cuando desde tierras tan lejanas ha defendido el arte español en el interior de una sangre cubana de pura cepa.

En La Habana, Cuba, pronunciar: Caridad Lescaílles Farina, puede sonar a un nombre más en la población, pero su nombre artístico que la hizo grande en la década de los 50 hasta mediados de los 70, sigue resonando en la memoria cubana: Maruja de Triana.

Nació en el barrio de Marianao (La Habana) un 14 de diciembre de 1934, en el seno de una familia muy humilde y con escasos recursos económicos. Su infancia transcurre dentro de la normalidad junto a la determinante pobreza anclada en el país, dura represión que el pueblo cubano vive, cada uno, desde su fuero interior.

Su historia arranca con su hermana mayor, que comenzó a dar sus primeros despuntes artísticos, intentando estudiar y trabajar, para dedicarse en cuerpo y alma, al cante español. Sin embargo, el pensamiento cubano dentro de las familias más pobres, asociaban el mundo del espectáculo, con un mundo de la noche muy mal considerado que te conducía, paralelamente, con la prostitución. Sus padres, forzaron a su hermana a abandonar el mundo del cante, obligándola a trabajar en una lavandería familiar.

Cuando Caridad, aún sin nombre artístico, a la edad de dieciséis años comenzó a ayudar en el negocio familiar, su cuñado quien regentaba la lavandería, la premiaba dándole pequeñas propinas. Ella, con una visión luchadora bajo una dura represión económica, social y mental y con ganas de pelear por su futuro para intentar cambiar su destino tan marcado, enfocó su esfuerzo ahorrativo (que exclusivamente provenían de las propinas), en tomar clases de baile en contra de la opinión de sus padres, ocultando en un principio su deseo de aprender a bailar. Enseguida, sus progenitores, aplicaron la misma estratagema para que Caridad dejase sus clases de canto y baile bajo una fuerte presión, al momento de conocer la actividad de su hija. Sin embargo, aquella muchacha vigorosa, desde las primeras clases sintió ser absorbida por el influjo del arte que la enamoró completamente, teniendo muy claro que: no quería renunciar a la oportunidad de realizar lo que tanto soñaba y podía hacerla sentir una persona especial.

Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana en el Cabaret Moroco Club.

De esta manera, emprendió una guerra familiar, donde Caridad tuvo que luchar por demostrar que el mundo del espectáculo no tenía que ir emparejado al orbe que la obligase a vender su cuerpo. No fue fácil durante muchos años… más tarde la guerra acabaría sí, pero antes tendría que demostrar su integridad: debería pasar por diferentes pruebas.

La joven con las ideas muy claras, aprovechó su única oportunidad como quien se agarra a una inhalación de aire para seguir subsistiendo, porque en su mente no albergaba el fracaso como una opción.

Comenzó sus estudios en una academia donde impartían clases de baile y cante español. En tres meses de clases intensas y duras, pero acogidas con ganas e ilusión, adquirió soltura y desparpajo ante las Jotas, Sevillanas, Flamenco, Fandangos, canción española, etc., una diversa variedad de estilos españoles que le proporcionaría en muy poco tiempo la gran oportunidad del salto hacia su carrera artística.

Caridad, tenía que comprar sus partituras y el material necesario para sus estudios con la escasez y sin apenas pesos en los bolsillos. Recuerda ella: “…compraba yo las partituras, ”Pena, penita, pena” (Lola Flores) entre otras, y acudía a los profesores de piano y me decían que ya tenía la impostación propia y sólo me hacían acudir a los ensayos de las actuaciones…

La joven promesa, colocaba su voz de forma innata y natural, y dedicaba más tiempo a los bailes.

Cada clase, en aquella época, le costaba 3,20cup (peso cubano), aproximadamente 0,13€. En la década cubana de los 50, era un dineral para su situación: por una dictadura que apenas daba para comer. Desmenuzando el costo de sus clases, ella me matizaría que 3,00cup eran para la academia y 0,20cup eran para La Sociedad, por ser socio/a. Ésta, era un estamento como control y protección a los músicos, que bien parecido podemos hacer una analogía en nuestra actualidad, como claro ejemplo en España, con el caso de la S.G.A.E.

Sus inicios breves en la academia no fueron nada sencillos, al contrario, debía competir con hijos de papá, donde la suerte de éstos, ya estaba programada.

Sus profesores de música, veían en ella, a una joven con dotes especiales para el canto y el baile. Caridad nunca estudió canto, pero si practicó algunas coreografías. En el primer contacto con la música en la academia, explosionó el don oculto en su interior que todo el mundo de su entorno desconocía. Por otra parte, había un profesorado que la tenía en jaque porque la veían como un problema para colocar a su alumnado, ella se esforzaba y aprendía a galope, mientras sus alumnos, donde la mayoría pasaban el rato o no se aplicaban con el coraje que pide la profesión, Caridad lógicamente les aventajaba en muy poco tiempo.

Maruja de Triana posando con el Abanico de Tropicana/Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana posando con el Abanico de Tropicana.

La joven, solía escuchar la radio, sobre todo se centraba en recoger toda la información sobre las diferentes convocatorias enfocadas a la música. A los tres meses de sus estudios, una de estas convocatorias buscaban a artistas en su propia academia, donde escogerían a estudiantes de su escuela para darles una oportunidad para trabajar. Ella fue elegida, pero desde el centro de estudios, habían profesores que no la apoyaban e intentaban descartarla para poder colocar a dedo a otros alumnos, excusándose de que aquella niña sólo llevaba tres meses de estudio y aunque su porte y su figura gustaba, era una persona inexperta y no estaba preparada. La persona que estaba allí como cazatalentos, adujo: “pero, si con tres meses hace todo eso con esos brazos…, ¿qué hará después de un año?” (palabras textuales en voz de Caridad.)

La suerte le vino a continuación: la buscó, la llamó a la puerta de su casa. Era el cubano Lisaldo Toral Rodríguez (el cazatalentos), más conocido como Rodrigo: coreógrafo de “Estampas Infantiles de Chi-chí”, también profesor de baile español e internacional. A raíz de la visita y de formalizar acuerdos laborales, Caridad conocería a quien sería su primera pareja de ámbito profesional. Fue el salto definitivo que la catapultó a trabajar en lo que tanto amaba y donde a pesar de su juventud, demostraría el gran potencial que tenía. Rodrigo, se convirtió para ella como un hermano y sería el nacimiento artístico de: Maruja de Triana.

La voz, y su temple en los escenarios, arrancaban los vítores y aplausos de los asistentes. Su trabajo no pasaba desapercibido y cada vez, eras más aclamada y solicitada en los distintos locales de alterne, salas de fiesta y cabarets.

Su porte, su figura alargada y delgada, atraía a los hombres que la querían ver actuar. Garbo y precisión portaban sus bailes que hipnotizaba al público encandilado… ganándose un hueco en el mundo de la música cubana con interpretaciones españolas.

Roberto Segovia (bailarín) posando junto a la artista en el Estudio Narsi / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Roberto Segovia (bailarín) posando junto a la artista en el Estudio Narsi.

Más tarde, se unió a la formación un maestro de canto, convirtiendo a la pareja en un trío. Éste se encargaba de preparar el repertorio de canto y los tres en el escenario actuaban con una escenografía de bailes españoles y Maruja de Triana, se encargaba, además, de desbordar su arte por su boca.

Los honorarios que percibía Caridad a sus comienzos, salían de una proporción de los Cabarets en los que actuaba: de las entradas y consumiciones de los clientes. Cuando Maruja de Triana adquirió un caché, comenzó a cobrar precios fijos: 20,00cup, 30,00cup, 40,00cup, diarios.

En la década de los 50 en Cuba, funcionaban escuelas como Rosalía de Castro, Artística Gallega, Curro Enrique, Centro Andaluz, donde nuestra artista los recuerda con nostalgia. Asombrosamente ella me comentó, que son academias que aún siguen impartiendo clase a día de hoy, cerca de siete décadas después. Me hizo hincapié sobre el cobro de ser socio/a para La Sociedad, un ineludible pago para poder meterse en la música. Sin embargo, me comenta que a pesar de seguir funcionando las escuelas de canto y baile, existe en la actualidad un porcentaje alto de estudiantes que prefieren aprender bajo profesores particulares.

La cubana, Adeline Durán bailarina profesional muy reconocida, después de su retirada de los escenarios siguió impartiendo clases como profesora de baile, Caridad estudió con ella una de las ramas musicales que le faltaba en su repertorio: la zarzuela.

Con los años la formación del trío se disolvió, pero no así su carrera, Roberto Segovía (colombiano) y Roberto Sevilla (cubano), ambos con sus nombres artísticos, volvió a formar otro trío con una singular aceptación por parte del público.

La guerra familiar que comentaba al principio un día se detuvo, cuando después de muchos años en los que sus padres no aceptaban a que su hija Caridad trabajase en el mundo del espectáculo, ella les demostró que no tuvo que doblegarse ante nadie y que todo lo que había ganado: posición, un trabajo estable y continuado, economía, fue aceptado a raíz en que una vez sus progenitores la vieron actuar por casualidad en un programa de TV. Hay que matizar que ellos no iban a verla actuar a ningún lado, evitaban saber cualquier cosa relacionada con ella, apartándola de sus vidas dándola de lado. No obstante, la causalidad de ver aquel programa de TV, fue un punto de inflexión donde comenzaron a darse cuenta de que se habían equivocado y poco a poco la relación entre ellos mejoraría con unas buenas tardes de conversaciones, sobre todo, Caridad sintió ser apoyada.

Maruja de Triana, ha sido aclamada y laureada por el público y en cada escenario a través de las provincias cubanas. Tanto, que no puedo dejar de citar una anécdota de la artista en una de las primeras actuaciones profesionales: “La primera vez que actúo bailando en un cabaret, en eso de que tengo que levantar la pierna con firmeza, mi zapato salió disparado con tan mala suerte que acabó en un plato de un compañero que estaba cenando y acudía como público. Decidí no cortar la actuación y proseguir hasta el final. Tenía pena. Pero hacia el final de la canción, el público comenzó a ovacionar y a aplaudir con desmedida, agradeciendo la actuación tan brillante. Lo que yo viví como un fallo, el público lo recibió como garra y arte”.

Lucho Gatica, en el Teatro Lírico Nacional de Cuba, trabajó junto a Maruja de Triana / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Lucho Gatica, en el Teatro Lírico Nacional de Cuba, trabajó junto a Maruja de Triana.

El caché iba en aumento, llegando a actuar junto a estrellas cubanas. Hasta alcanzar sus momentos más álgidos de su fama y triunfo codeándose con artistas famosos y tan importantes de la talla y época como, el chileno Lucho Gatica, aparte de un gran cantante de boleros, es compositor y actor. Por otra parte, nuestras grandes de la canción que viajaban desde España a Cuba, por motivos de trabajo, como Sarita Montiel, Lola Flores, Juanita Reina, etc., Maruja de Triana compartió en bastantes ocasiones el escenario con nuestras Divas de la canción española…

Maruja de Triana y Sarita Montiel compartieron espectáculo en el Teatro García Lorca / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana y Sarita Montiel compartieron espectáculo en el Teatro García Lorca.
Maruja de Triana también pisó los tablaos del Teatro García Lorca junto a Juanita Reina / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Maruja de Triana también pisó los tablaos del Teatro García Lorca junto a Juanita Reina.
En la Zarzuela Cecilia Baldés, tras la actuación de La verbena de la paloma están Maruja de Triana, Rosita Fornés y Adela Vamonde / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
En la Zarzuela Cecilia Baldés, tras la actuación de “La verbena de la paloma“.
Maruja de Triana, Rosita Fornés y Adela Vamonde (de izquierda a derecha).
En el camerino del Teatro Lírico Nacional García Lorca están Sara Reina, Martha, Jorge (peluquero), Peluquera y Maruja de Triana / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
En el camerino del Teatro Lírico Nacional García Lorca:
(de izquierda a derecha): Sara Reina, Martha, Jorge (peluquero), Peluquera y (abajo sentada) Maruja de Triana.

Su carrera profesional, 24 años después de subirse por primera vez a un escenario se truncó por su estado de salud. El desgaste físico, que conllevaba tantas actuaciones le aquejó una dolencia en la espalda y articulaciones, achacándola con severos dolores, prácticamente, hasta hacerla perder su movilidad para poder actuar. Con 40 años de edad, decidió retirarse del mundo del espectáculo y empezar una nueva vida…

La cantante y bailaora en una actuación en el Cabaret Rumba Palace / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
La cantante y bailaora en una actuación en el Cabaret Rumba Palace.

Fue cuando conoció al hombre que sería su esposo y tendrían una niña, su única descendiente que ya no seguiría sus pasos en el arte de la música.

Después de lo que llegó a vivir Maruja de Triana, ganarse el respeto del público, codearse con lo más alto de la época, haber defendido la música a ultranza, apariciones en TV y radio, desgraciadamente nunca ha sido homenajeada ni apoyada en su país, una vez retirada del mundo del espectáculo.

Sinceramente, aunque las luces de los escenarios ya se hayan apagado para ella, quedará siempre en el recuerdo de la memoria histórica cubana que, Maruja de Triana, fue una estrella que brilló con luz propia.

Matilde Rox, Carmen Malvido, Silvio Chaves, María de los Ángeles Santana y Maruja de Triana / Foto cedida por: Caridad Lescaílles Farina
Matilde Rox, Carmen Malvido, Silvio Chaves, María de los Ángeles Santana y Maruja de Triana.
(de izquierda a derecha).
En el Teatro Lírico Nacional García Lorca.

Como comenté al comienzo, prosigo… conocí a Caridad en Abril de este mismo año a la edad de 81 años. Una mujer lúcida y con un cariño increíble que desborda hacia todos. Ella me relató durante ratos a lo largo de unas semanas, su vivencia de una manera como si lo acabase de vivir. Ella es feliz, por el pasado que tuvo, ya que pudo redirigir su destino hacia la pasión que ha llevado siempre en su interior, no sin esfuerzo y sin que nadie le haya regalado nada. A día de hoy, vive junto a su familia donde la economía, es absolutamente dura y escasa, pero los cubanos nunca borran de su rostro una amplia sonrisa para ti.

Homenaje a Maruja de Triana

Desde El Desván de Alejandro se te dedica esta última ovación a tu fortaleza y lucha, a tu trabajo bien cuidado y a defender el arte español que siempre recorrió por tus venas, a pesar de que nunca pudiste salir de Cuba. Un abrazo enorme.

Saludo de Maruja de Triana

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